En el sector minero, cada etapa del proceso requiere la intervención de profesionales con habilidades y experticias específicas. Desde el descubrimiento del yacimiento hasta la explotación y el cierre de la mina, cada rol juega un papel crucial en el éxito del proyecto. En las etapas de prospección y exploración, el geólogo es el protagonista. Su trabajo de investigación y análisis es fundamental para descubrir y caracterizar el yacimiento; sin embargo, requiere el apoyo del área de 𝙍𝙚𝙡𝙖𝙘𝙞𝙤𝙣𝙚𝙨 𝘾𝙤𝙢𝙪𝙣𝙞𝙩𝙖𝙧𝙞𝙖𝙨, pues, si durante todo el tiempo que dure la evaluación del yacimiento no se cuenta con la aceptación del proyecto, algo se hizo mal durante todo ese tiempo, y la empresa debe replantearse los objetivos centralizando sus esfuerzo para obtener esta aceptación. Una vez que se ha confirmado la viabilidad del proyecto, el 𝙞𝙣𝙜𝙚𝙣𝙞𝙚𝙧𝙤 𝙙𝙚 𝙢𝙞𝙣𝙖𝙨 toma el relevo. Su experiencia y conocimientos son esenciales para diseñar y ejecutar la explotación de la mina de manera segura y eficiente. Y es que la explotación es la etapa más larga y crítica del proceso minero. Es aquí donde se extrae el mineral y se genera el valor económico del proyecto. Por lo tanto, 𝙚𝙨 𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖𝙢𝙚𝙣𝙩𝙖𝙡 𝙦𝙪𝙚 𝙚𝙡 𝙧𝙚𝙨𝙩𝙤 𝙙𝙚 á𝙧𝙚𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙡 𝙥𝙧𝙤𝙮𝙚𝙘𝙩𝙤 𝙚𝙨𝙩é𝙣 𝙙𝙞𝙨𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙖𝙨 𝙖 𝙙𝙚𝙟𝙖𝙧𝙨𝙚 𝙜𝙪𝙞𝙖𝙧 𝙥𝙤𝙧 𝙡𝙤𝙨 𝙞𝙣𝙜𝙚𝙣𝙞𝙚𝙧𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙢𝙞𝙣𝙖𝙨, quienes son los expertos en la explotación de la mina. Es importante reconocer que, en cada etapa del proceso, el protagonismo cambia. 𝙇𝙤𝙨 𝙥𝙧𝙤𝙛𝙚𝙨𝙞𝙤𝙣𝙖𝙡𝙚𝙨 𝙙𝙚𝙗𝙚𝙣 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙧 𝙙𝙞𝙨𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙤𝙨 𝙖 𝙘𝙚𝙙𝙚𝙧 𝙚𝙡 𝙥𝙖𝙨𝙤 𝙮 𝙩𝙧𝙖𝙗𝙖𝙟𝙖𝙧 𝙚𝙣 𝙚𝙦𝙪𝙞𝙥𝙤 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙜𝙖𝙧𝙖𝙣𝙩𝙞𝙯𝙖𝙧 𝙚𝙡 é𝙭𝙞𝙩𝙤 𝙙𝙚𝙡 𝙥𝙧𝙤𝙮𝙚𝙘𝙩𝙤. Pero, ¿qué sucede si falta alguno de los ingredientes clave? Un proyecto sin reservas minerales no se convierte en mina. Un proyecto sin aceptación social, no se convierte en mina. Una mina sin personal competente no se desarrolla. Es aquí donde el personal de RRHH juega un papel fundamental. Deben estar 𝙥𝙧𝙚𝙥𝙖𝙧𝙖𝙙𝙤𝙨 𝙮 𝙘𝙤𝙣𝙤𝙘𝙚𝙧 𝙚𝙡 𝙥𝙧𝙤𝙘𝙚𝙨𝙤 𝙢𝙞𝙣𝙚𝙧𝙤, no es lo mismo movilizar o contratar personas para actividades administrativas, que personal técnico y personal operacional de mina. Todas las áreas deben trabajar en estrecha colaboración con los equipos técnicos para identificar las necesidades de personal y desarrollar planes de capacitación y desarrollo para garantizar que el personal tenga las habilidades y competencias necesarias para llevar a cabo el proyecto de manera segura y eficiente. Reconocer y valorar el trabajo de cada una de las áreas es esencial para garantizar que el sector minero siga siendo una fuente de empleo y desarrollo para las comunidades locales.